Después de la Semana Santa

Estamos iniciando el segundo de tres cuatrimestres en que está dividido el año. Si los primeros tres meses no han sido tan intensos, en cuanto a la crisis económica que se pronosticaba, bien valdría la pena ir pensándolo dos veces en cuanto a lo que se avecina al término de la temporada vacacional de Semana Santa y vacaciones de verano.

Las autoridades en sus diferentes niveles nos han dicho que por ser Acapulco un destino turístico cercano al Distrito Federal -quien con sus millones de habitantes mantiene turísticamente hablando al puerto- el problema económico no será tan agudo.

Sin embargo, Acapulco se ha convertido en un centro vacacional de fines de semana y temporada, alimentado precisamente por los defeños.

Mientras otros destinos turísticos preparan agresivas estrategias turísticas con la finalidad de romper esa inercia de ser receptor turístico por temporadas, en Acapulco no se ha visto un trabajo serio para conducirnos hacia una afluencia PERMANENTE de vacacionistas.

Vemos casi imposible que seamos captadores permanentes de turismo. No hay un planteamiento serio hacia ello. Hay pobres y dispersos esfuerzos que dejan mucho que desear al respecto.

Uno de los principales problemas es la falta de vuelos directos, ya no a destinos internacionales, sino nacionales. Viajar hacia Acapulco tiene en su mayoría de veces que pasar por el transbordo en el Distrito Federal y ahora en Toluca.

Y en los sitios internos como Monterrey (con su vuelo diario directo de Viva Aerobús) Acapulco está más que ausente en su promoción.  Con técnicas mercadológicas se hacen estudios para saber cuál destino turístico es de los más conocidos en México, y el resultado es que Acapulco está en los primeros lugares, pero si le preguntan a esas personas si han visitado recientemente el puerto la mayoría de ellos dice que no lo han visitado o si lo han hecho tiene muchísimos años de ello.

¿Y qué se ha hecho al respecto? Es clave la pregunta, porque volviendo al origen del título de este editorial, la crisis se sentirá en toda su dimensión en una época de tradicionalmente  baja ocupación: septiembre, octubre y noviembre, por lo que es importante que desde este momento se hagan planes para crear un flujo permanente turístico con estrategias creativas, de mediano y largo plazo que garanticen resultados concretos.

Por ejemplo: ¿Hay un proyecto especial para que los dueños de los miles de condominios asentados en la Zona Diamante rompan con su estadística de ocupar esos departamentos sólo 35 días al año? ¿Quieren más ideas? Mejor que hagan su trabajo quienes deben de hacerlo.

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