Inseguridad

El pasado jueves 20 de agosto se cumplió un año de la reunión del Consejo Nacional de Seguridad, en el que Alejandro Martí lanzó la frase de “si no pueden renuncien”. Y justo este jueves fue asesinado el diputado perredista y presidente del Congreso de Guerrero, Armando Chavarría.
Armando Chavarría había sido precandidato al gobierno del estado hace más de cuatro años y buscaba de nueva cuenta esa candidatura; hasta antes del proceso electoral para elegir diputados federales, sólo él y la diputada federal Ruth Zavaleta eran los únicos precandidatos realmente con posibilidades para abanderar al PRD en esa posición; sin embargo, se sumó a ellos Armando Ríos Pitter, quien ganó la única diputación federal perredista en Guerrero.
Es condenable y lamentable este hecho sangriento. No importa de que se trate o no de una figura pública. Todo asesinato debe ser reprochable. Y más cuando su acción crea una atmósfera política que enturbia el desarrollo de la entidad. Que bien podrá ser aprovechado para quienes desde la anarquía quisieran lograr el poder.
Sin embargo, más allá de cualquier señalamiento, hay un problema de raíz muy grave: la impunidad y corrupción en algunos cuerpos policíacos y entre los que imparten la justicia, ha provocado que el ciudadano común y corriente viva día a día con el temor de ser víctima de un delito y que no pueda defenderse, ni ser protegido.
En Acapulco, por ejemplo, hay un promedio de cuatro a cinco asaltos bancarios semanales . Y no hay detenidos de inmediato. Hay decenas de ciudadanos que diariamente son asaltados y vejados cuando se transportan en unidades de servicio urbano, taxi o colectivo, sin que nadie pueda brindarles la seguridad. Hay ciudadanos que son asaltados cuando caminan por las colonias sin alumbrado público. Hay ciudadanos a quienes en sus propios hogares les han robado sus patrimonios.
Y no se trata de que el ciudadano se convierta en un policía y ande denunciando cada vez que  atestigue un delito, porque desgraciadamente más tardan en denunciar a que el delincuente se entere de quién lo señaló. Y es delincuencia común, ésa que ya por ser tan cotidiana pasa inadvertida  pero que se ha convertido en modo de vida de cientos de personas y que cada día suman más víctimas.
Por éso es lamentable un hecho como el que sufrió el diputado local Armando Chavarría, pero de igual forma en condenable que cada día acapulqueños se sumen a las cifras de víctimas de delitos sin que sean atendidos y no se castigue a sus victimarios.

El pasado jueves 20 de agosto se cumplió un año de la reunión del Consejo Nacional de Seguridad, en el que Alejandro Martí lanzó la frase de “si no pueden renuncien”. Y justo este jueves fue asesinado el diputado perredista y presidente del Congreso de Guerrero, Armando Chavarría.

Armando Chavarría había sido precandidato al gobierno del estado hace más de cuatro años y buscaba de nueva cuenta esa candidatura; hasta antes del proceso electoral para elegir diputados federales, sólo él y la diputada federal Ruth Zavaleta eran los únicos precandidatos realmente con posibilidades para abanderar al PRD en esa posición; sin embargo, se sumó a ellos Armando Ríos Pitter, quien ganó la única diputación federal perredista en Guerrero.

Es condenable y lamentable este hecho sangriento. No importa de que se trate o no de una figura pública. Todo asesinato debe ser reprochable. Y más cuando su acción crea una atmósfera política que enturbia el desarrollo de la entidad. Que bien podrá ser aprovechado para quienes desde la anarquía quisieran lograr el poder.

Sin embargo, más allá de cualquier señalamiento, hay un problema de raíz muy grave: la impunidad y corrupción en algunos cuerpos policíacos y entre los que imparten la justicia, ha provocado que el ciudadano común y corriente viva día a día con el temor de ser víctima de un delito y que no pueda defenderse, ni ser protegido.Ins

En Acapulco, por ejemplo, hay un promedio de cuatro a cinco asaltos bancarios semanales . Y no hay detenidos de inmediato. Hay decenas de ciudadanos que diariamente son asaltados y vejados cuando se transportan en unidades de servicio urbano, taxi o colectivo, sin que nadie pueda brindarles la seguridad. Hay ciudadanos que son asaltados cuando caminan por las colonias sin alumbrado público. Hay ciudadanos a quienes en sus propios hogares les han robado sus patrimonios.

Y no se trata de que el ciudadano se convierta en un policía y ande denunciando cada vez que  atestigue un delito, porque desgraciadamente más tardan en denunciar a que el delincuente se entere de quién lo señaló. Y es delincuencia común, ésa que ya por ser tan cotidiana pasa inadvertida  pero que se ha convertido en modo de vida de cientos de personas y que cada día suman más víctimas.

Por éso es lamentable un hecho como el que sufrió el diputado local Armando Chavarría, pero de igual forma en condenable que cada día acapulqueños se sumen a las cifras de víctimas de delitos sin que sean atendidos y no se castigue a sus victimarios.

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