IVA

Por Patricia Segovia

Hay gente que me ha dicho que soy, riquilla, de derecha, burguesa. Qué  nací en pañales de seda y todo esto es cierto, lo malo es que tuve unos excéntricos ancestros como mi abuela, quien en lugar de disfrutar de su acomodada situación económica, prefería lavar ajeno y hacer comida para vender, así como mis papás, los que prefirieron vivir en una colonia  del Estado de México, llamada “ La Presa ” en lugar de  habitar en  “Lomas de Chapultépec” “San Ángel” o de “perdis” “ La Roma ”.

Debido a mi pudiente origen, mis opiniones sobre los asuntos económicos han sido calificadas como insensibles y simplistas.

En “ La Presa ” no teníamos agua potable, no había luz y no estaban las calles pavimentadas. Lo más gracioso es que teníamos televisión, pero no había energía eléctrica para hacerla funcionar. No, no crean que mis papás estaban mal de la cabeza. Ellos compraron la “tele” cuando eran recién casados, después con la llegada de los hijos, se hicieron de un terreno cuyas condiciones ya he descrito.

Para estar acordes al lugar donde habitábamos, mi mamá  iba al mercado a comprar cierto tipo de frutas como; naranjas, plátanos, manzanas “piñateras” y la llamada “de temporada”;  la mandarina, por ejemplo. Era poco frecuente que llegara con duraznos, chabacanos,  fresas o peras, debido a que eran excesivamente caras. No importaba que le bajaran un 15% a su costo. El dinero con que contaba, no era suficiente para comprar un kilo.

El agua; ¡era otra onda!  ¡Carísima! La vendían por medio de pipas para descargarse en; tambo, tinaco y hasta tina de lámina. Tenía la particularidad de que “se movía”. Los mejores días eran cuándo llovía. Mi papá instaló una canaleta, ponía un recipiente debajo y ¡listo! Teníamos liquido vital para trapear, lavar la ropa, limpiar  el baño, etc. ¿Agua embotellada? Sí, se vendía pero por garrafón y era todavía más cara, por ello, era más practico hervirla. No recuerdo que hubiere “gotitas” para desinfectar y no imagino a mi mamá echándole el mismo cloro a la ropa y al agua que beberían sus hijos

En una ocasión, le regalaron una guajolota, que cuando creció, empolló  algunos huevos. Nuestro patio tenía muchos pollitos los que mi hermano y yo  hasta “bautizamos”

Era divertidísimo corretearlos, agarrarlos y volverlos a soltar. Algo que nos resultó hasta doloroso fue que en algunas ocasiones aparecieron en caldo en nuestros platos. No entendíamos que las razones de mi mamá sobre la crianza de  pollos, eran económicas y no para ser mascotas de sus hijos. Durante muchos días, doña Lidia Téllez, nos resultó poco simpática y profundamente nociva para el “mundo” avícola.

En  nuestra colonia había: tortillería, panadería, mercado y por supuesto que cantina. La farmacia se instaló mucho tiempo después. Teníamos que ir a “ La Villa ” para adquirir medicamentos, por tanto, todos los malestares estomacales de los que en ese tiempo éramos niños, las señoras los ¿curaban? a base de tes, pero no los de bolsita, sino la hierba hervida.

Gracias  a mucho esfuerzo, por lo menos hasta hoy, los integrantes de mi familia tenemos la oportunidad de comer de todas las frutas, comprar medicinas, tomar agua embotellada, como parte habitual de nuestra existencia.

Estas imágenes en mi mente, no son tristes. Lo deprimente sería no haber hecho nada para cambiar nuestra realidad de entonces.

La situación ahora es  diferente para nosotros, pero hay mucha gente que, varias décadas posteriores a  mi infancia, actualmente vive lo que para mi,   son recuerdos.

Supongo que por mi origen pudiente así como a mi visión simplista e insensible derivada de la ignorancia de saber cómo se vive en los lugares donde los recursos son más que limitados, creo que sería un gran acierto que la próxima legislatura apruebe el impuesto al consumo,  el cual no es necesario que sea de 15% y dar un subsidio a los que obtengan un ingreso de 5 salarios mínimos equivalente al mismo porcentaje que se está cargando a dichos insumos. Estoy conciente de que no es la solución a los problemas económicos que tiene nuestro país, pero sí el primero de muchos pasos.

Es vital para nuestra economía recaudar más y gastar menos. Los gobiernos nos piden sacrificios. A los empresarios, sobre todo las PYMES, que somos los que generamos mayor  cantidad de empleos nos dicen que “aguantemos”, pero ellos amenazan con el despido de colaboradores. Nosotros no podemos hacer deducibles ni la compra de unas quesadillas y  agua de jamaica, pero ¿Qué hay de sus gastos de representación? ¿Y sus viajes? ¿Y sus convenciones?

Ya está  muy dicho, pero no se entiende. ¡Tenemos que jalar parejo! ¡Todos tenemos el deber de pagar impuestos! ¿Qué mejor  y más justo que al consumo?

¡Que paguemos todos! Incluidos los ambulantes, delincuentes y diputados ¿Cómo que estos dos son sinónimos? Bueno en algunos casos si.

Dejémonos de hipocresías. Hay que presionar para que en la siguiente legislatura, se haga una realidad la reforma fiscal que nos trate igual a todos y que la ley de transparencia sea una realidad, no la simulación que en muchas partes de nuestro país  se practica.  A mi me da vergüenza que haya niños que no van a la escuela, que coman lo que pueden y no lo que quieren o necesitan, que tomen agua “que se mueve” y no purificada, que no puedan divertirse. Que los estemos condenando a esa misma vida  por siempre, igual que a sus descendientes.

Le puedo asegurar que a la mayoría de los legisladores no les da pena ni nada parecido, por eso no hacen nada más que hacerse ricos. ¿Eso es nuestro futuro? ¿Portadas para Forbes y estadísticas  para la ONU ?

Be Sociable, Share!

Artículos Relacionados:

  • Sin Artículos relacionados
Esta entrada fue publicada en Archivo y etiquetada . Enlace permanente.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Subscribe without commenting