Acapulco de nueva cuenta está inmersa en una serie de acciones que ponen en riesgo la seguridad física y patrimonial de sus habitantes.
La sensación ciudadana es de impotencia e indefensión ante la serie de hechos delictivos que les impide realizar sus actividades de manera tranquila y segura.

Pocos son quienes se pudieran considerar como al margen de ser víctima de este tipo de hechos. La sociedad en general, el ciudadano normal, tiene que enfrentar diario la incertidumbre de salir de su hogar, pero no de regresar sano y salvo. Hay pues una percepción de todos de sentirse vulnerables ante la pasividad oficial de poner un freno a tantas acciones delictivas

Sobra decir cuál es el delito que mayoritariamente se ha disparado. Sobra decir que el acapulqueño tiene ganas de volver a sentirse seguro en su ciudad. Sobra decir que ya no tiene nada que ver con niveles socioeconómicos o zonas habitaciones… se ha generalizado.
De ahí el llamado a los tres niveles de gobierno para que demuestren mayor coordinación, mayor esfuerzo y mayores resultados. Es urgente que el Estado asuma la responsabilidad que Constitucionalmente tiene: dotar de seguridad a los ciudadanos. Esa es su responsabilidad total, para eso fue creado el Estado.

Los ciudadanos no pueden ni deben recurrir a ningún factor externo en busca de seguridad. Es obligación oficial brindársela a todos los acapulqueños. Y por el bien de todos, esperamos que nuestras autoridades estén a la altura de las circunstancias.

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