Ocotequila… La Tradición de un Pueblo: Delfino Campos Solís

…está enclavado en la montaña alta de Guerrero. Ocotequila, es un pueblo mágico y lleno de tradiciones, entre ellas, el Día de Muertos. Y huele a copal, a incienso y a flores de cempasúchil. Y la fiesta de los muertos ha llegado, dice la gente en una mezcla de nostalgia y alegría de recordar a sus seres queridos que han partido de este mundo. Desde muy temprano del primero de noviembre, los habitantes arreglan sus ofrendas en sus casas para los difuntos pequeños que va a llegar ese día. También colocan arcos de cañas en las puertas donde cuelgan muñequitos de pan, manojos de flores y frutas. A las doce del día, la gente se va a encontrar a los difuntos allá por la salida del pueblo, un poco más allá del panteón. Se van en procesión con música y cohetes hasta Izhuatepec, que quiere decir: “el cerro de las hojas de la milpa”. Allá, en Ocotequila, toda la gente habla el Náhuatl. Y la gente, entre música de la banda del pueblo y cohetes otra vez, viene de regreso desde Izhuatepec hasta la iglesia ya con sus difuntos pequeños entre el olor a flores y a copal. Y en las casas ya están los altares arreglados con las ofrendas donde ponen comida, tamales, atole, y, por la noche, el chocolate, justo cuando el frío empieza a sentirse. Al otro día, o sea, el dos de noviembre, todo se repite, sólo que con los difuntos mayores. Y entonces el ambiente se torna triste, lleno de nostalgia pero también es alegre pues ha llegado “la fiesta de los muertos”, dice la gente en lengua náhuatl. Por la tarde, todos, hombres y mujeres, se van al panteón a visitar las tumbas y a poner las ofrendas a sus difuntos. Se van en pequeños grupos entre hombres, mujeres y niños, cargando con sus ayates, flores, velas y comida.

Los anuncios no cesan en las bocinas de perifoneo que la gente coloca en lo alto de sus casas con un asta que llegan hasta arriba. Todos los anuncios son en lengua náhuatl, por ejemplo: “…ki namakatoque oatl kampaichan…fulano de tal”, que, traducido al español, quiere decir: “se vende caña en casa de… fulano de tal”,…o también: “…ki namakatoque xochitl”, que significa “se venden flores”. Y entonces la gente se ve apurada comprando flores, pan, chocolate y más cosas…para los muertos…sin faltar, claro, el tradicional pan de muertos que los hijos de la tía Rosa hacen en su panadería.

Y alguna que otra mariposa entra revoloteando por la ventana “…son las almas de los difuntitos que ya están aquí”, dicen en náhuatl algunas señoras al tiempo que regañan a sus hijos que, alegres, juegan cerca de los altares entre sahumerio, velas y flores de cempasúchil. Alguien, allá afuera, espanta a los totoles que, curiosos, miran como espantados acechando cerca del fogón donde los tamales ya están casi listos. El tres de noviembre la gente va a dejar a sus muertos. Es la dejada, dicen. La gente dice: tiaske ti tlakahuatisque, que quiere decir, vamos a dejar a los muertos. Esto se hace en procesión con música y cohetes y, esta vez, no llegan al panteón, más bien, un poco antes, a la orilla del arroyo casi llegando al panteón, donde dejan las flores y se regresan a sus casas con un poco de tristeza y otros conversando alegremente, pues los muertos ya se han ido otra vez…regresarán hasta el siguiente año…


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