Por Miguel Angel Lépez Vela

Hace algunos años el gobernador de Guerrero inició una gira por varios países de Europa, acompañado del entonces presidente municipal. Al momento de las presentaciones primero presentaban al gobernador, por su jerarquía, y recibía algunos aplausos y cuando presentaban al presidente de Acapulco no sólo eran aplausos era algarabía. Tanto que el alcalde le dijo al gobernador que por qué en la próxima visita no lo presentaban como gobernador de Acapulco.

Algo similar me pasó en una tienda departamental de París cuando la dependiente me preguntó si yo era ucraniano y cuando le dije que era de Acapulco se hizo una algarabía de que todo el piso de clientes y dependientes estaban azorados de que alguien de Acapulco estuviera ahí.

Acapulco era una palabra mágica que evocaba no solo mar, era fiesta, diversión, alegría, sol, gente bonita de todos los países, de todas las culturas, pero eso se acabó. Ahora es violencia, basura, contaminación.

Así como un 14 de abril de 1579 por cédula real la corona española nombra al puerto de Acapulco como puerto comercial de América con Filipinas. Lo que obligaba a que vinieran de otros puertos como Ecuador o Chile por mercaderías y por carretera venían de Puebla y CDMX, así como de las costas pero se acabó con la guerra de independencia entre 1810 a 1821 y Acapulco vivió en el ostracismo casi 100 años recuperándose hasta 1927 con la apertura de la carretera México Acapulco. De ahí se desprendan una serie de acciones que harían de Acapulco la Perla del Pacífico, el lugar por excelencia para vacacionar. Y se acabó, de aquel lugar de restaurantes internacionales, ahora tenemos un montón de taquerías y en lugar de aquellos bares con variedad, ahora tenemos un montón de cervecerías.

De pronto nos dimos cuenta que tenemos 7 Acapulco´s, todos diferentes. El Acapulco rural y pesquero que por lógica le debería vender su producto a los hoteles y restaurantes pero no es así. El Acapulco Tradicional con hoteles pasados de moda dedicados a un turismo popular que no les da dinero suficiente para renovarse. El Acapulco dorado, sin duda el más afectado por esta crisis. El Acapulco histórico que lo único que le queda es el Fuerte de San Diego. El Acapulco Residencial turístico, las Brisas como emblema, que paradójicamente colinda con tres colonias populares, dos a los costados y una atrás del cerro. Los barrios históricos que no dan mucho de qué hablar. La zona habitacional que como se dice ahora está toda revolvida la de lujo con la popular. Y el Acapulco Diamante que alvo un par de hoteles dejó de ser turística para convertirse en condominal.

De aquí se desprenden dos lecciones: Una, que los nuevos destinos turísticos no cometan los mismos errores de Acapulco y dos iniciar un reordenamiento urbano a fin de devolverle su calidad turística a Acapulco. URGE.

Señores y señoras candidatas y candidatos en lugar de andar cargando niños y abrazando
viejitos pónganse a trabajar en este reordenamiento urbano.


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