Uno de los principales logros y festejos del 6 de julio del 2000 a nivel nacional, no fue que haya ganado el PAN con Vicente Fox la Presidencia de México. Fue realmente, que el llamado “voto útil” había demostrado que sí se podía terminar con una “dictadura perfecta” como lo fue el PRI durante más de 70 años.
Era la demostración de que el voto sí valía, sí contaba. Confiamos plenamente en un Instituto Federal Electoral ciudadanizado con José Wondelberg como su presidente.
¿Qué ha pasado desde esa fecha? Que los partidos políticos y sus diputados, senadores, gobernadores, alcaldes se hicieron dueños del país. Fijando su meta en minar la Presidencia de la República, restarle el mayor poder posible “para que no fuera la autoritaria que había sido”.
¿Qué más ha pasado? Que la clase política se negó a suscribir acuerdos de alto nivel para promover el crecimiento de México. Todos se regodean del fracaso del otro, y no sólo a nivel Presidencia de la República. No, lo mismo sucede en los gobiernos de los estados y alcaldías, a grado tal que entre los mismos militantes de los partidos se dan serios enfrentamientos.
¿Y el Congreso y el Senado? Velando por sus intereses personales -porque quieren ser desde primer mandatario de la nación, hasta gobernadores, presidentes municipales o mínimo saltar de diputado a senador o viceversa- y dejando de lado las reformas necesarias para el país: La laboral, la energética, la de seguridad, la fiscal, la del estado, la de educación…y un largo etcétera.
¿Y qué ha ocasionado esa partidocracia que se puede considerar lleva mínimo de 12 a 15 años gobernando México? Que a los mexicanos se les cierren las oportunidades mientras países con menores posibilidades de desarrollo se han posicionado como las llamadas economías emergentes, el caso de India, Corea del Sur, Chile y Brasil, son el mejor ejemplo.
La falta de políticas públicas adecuadas, necesarias principalmente para beneficiar a las nuevas generaciones no existen, las han bloqueado por la ambición de llegar o mantenerse en el poder.
Por eso, debemos ser serios en aceptar que lo que ahora vivimos no es un producto de la noche a la mañana. Por eso, TODOS Y PRINCIPALMENTE LA CLASE POLITICA debería preguntarse qué está haciendo para que los jóvenes de ahora no sean los delincuentes de pasado mañana ante la falta de oportunidades. Cuando se dispare aún más la violencia, quienes tienen en sus manos ahora cambiar el rumbo, deberán preguntarse qué tan culpables son de ello.
Y finalmente lo último que nos queda a los ciudadanos: el voto, nos lo están queriendo arrebatar de manera violenta como consecuencia de esa falta de compromiso y responsabilidad de los actores políticos por legislar y gobernar por México




