La fecha del 30 de abril es única, porque para los infantes es día de celebración, para los adultos abrazar, querer y cuidar a los hijos (as) y para las instancias oficiales recordarles que deben esforzarse más para que esa nueva generación tenga la protección en su seguridad personal, íntima, posibilidad de acceder a oportunidades de estudio, trabajo, esparcimiento y desarrollo en paz.
Por eso, entre tanto festejo y celebración, muchos de ellos usados con propósitos políticos y de imagen, sería mejor dar paso a la reflexión sobre el tipo de mundo, país, le estamos dejando a los niños y niñas en estos momentos.
Acapulco, tiene datos duros preocupantes sobre el maltrato y explotación infantil (tanto en el terreno de la informalidad como sexual en pornografía infantil) que lejos de bajar, se han mantenido y diversificado.
La necesidad de actuar sobre este tema es más que imprescindible. El asunto es que se pierde pasando la fecha, cuando se tiene que enfrentar un entorno tan complicado como el que se vive en el puerto.
Son tantos frentes, tanta problemática la que sufre el habitante de Acapulco, que ha normalizado lo anormal. Que cada día pierde metros de su zona de confort y no puede exigir, buscar salida, cuando tiene encima el cúmulo de responsabilidades por atender.
Sería interesante que este día, además de los típicos festejos y acciones altruistas de llevar juguetes, dulces, que sí se aplaude ello, se diera también el espacio para definiciones serias, acciones concretas que brinden y blinden el desarrollo armónico de los y las peques.
Por lo pronto, en Presencia, les hemos estado presentado las fotos, anécdotas y travesuras que lectoras (es) de Presencia nos han hecho el gran favor de compartirnos. Nunca hay que olvidar esa bella época de haber sido infantes y generar las condiciones para que los niños (as) de ahora puedan vivir en paz.